Durante la Edad Media, la Doctrina Cristiana -sabiamente- consideraba inmoral prestar dinero a interés, es decir, obtener una ganancia sin arriesgar ni producir nada.
No me las tiré contra los empleados bancarios sino contra el sistema liberal. La caricatura es obvia.
No se caliente, porque escribir con mayúsculas es tener bronca, y en todo caso le recomiendo lo cague a trompadas a su jefe, u organice una huelga o piquete; que están muy de moda en estos tiempos.
El problema del interés es un problema de doble aspecto, moral y económico, pero que en ambas perspectivas se soluciona de parecida manera. Si yo tengo un capital que presto para la realización de un negocio, tengo derecho a recibir una contraprestación por las ganancias que ese negocio ha recibido; de esto no hay dudas. Desde una perspectiva monetaria, el aumento de "bienes o servicios" que implica el negocio, justifica la moneda en que se aumenta el capital y estabiliza el circulante que sigue representando al mismo valor la cantidad de bienes y servicios que hay en el estado. El problema surge cuando el negocio no da sus frutos y es más, dá pérdida. El cobro del interés en este caso causa la ruina personal del deudor y por otro lado, crea una cantidad de moneda que no tiene respaldo en los bienes y servicios que simboliza, produciendo una depreciación de la moneda. Se torna en un desastre personal y social. En suma, el préstamo de dinero debería, para ser moral y económicamente beneficioso, ser la constitución de una especie de sociedad para las ganacias y las pérdidas y su cuantía debería ser graduada según el tipo de negocios y la rentabilidad posible del mismo. El banquero "apuesta" y corre los riesgos y su rentabildad debe guardar proporción con el tipo de rentabilidad del negocio al que apuesta. El poder financiero se impone en las leyes de un país y se transforma en un negocio que no quiere seguir los avatares de la economía. Pretende ser un negocio que por ley siempre da rentabilidad, sea pato o gallareta, y con esto a veces sirve, pero muchas más veces destruye los patrimonios individuales y produce una creción ficticia de moneda que no sólo no está respaldada por nuevas riquezas, sino que responde a pérdidas; lo que lógicamente implica depreciación de la moneda.
Es cierto que el Banco muchas veces pierde por la imposibilidad de pago del deudor, pero el crédito sigue estando y produciendo sus efectos económicos y contables.
En la realidad y como esta muchas veces se impone, los bancos financiaran a los que saben que van a ganar mucho y rápido (sector especulador) y no dan nada a quienes trabajan duro y lento (sector productivo), o en su caso, le prestan sobre hipotecas y con tasas que saben que no alcanzarán sus negocios (aprovechando la necesidad) y todos sabidos que se producirán los quebrantos patrimoniales y las pérdidas de las propiedades.
En suma, lo malo del sistema financiero, es que por ley y como postulado teórico, el prestamista nunca "debe" perder, lo cual es contrario a la naturaleza de las cosas y aún contrario a la lógica liberal. En correcto liberalismo, quien prestó a un perdedor, debe perder por torpe y no se le debe permitir contabilizar en positivo los intereses y mucho menos . (después sigo)
Mar, 23/02/2010 - 8:49am
¿Y que opina Ud. del Sistema Bancario Argentino...? La pregunta la realizó un periodista al nuevo deño del Bco. Frances hace unos 8 años...
- "Pues hombre: en España cuando alguien nos lleva dinero, nosotros le pagamos... Aquí hay que cobrarles... Y bueno, habrá que adaptarse..."
Sin palabras.
Mar, 23/02/2010 - 5:25pm
Mar, 23/02/2010 - 8:57pm
Mié, 24/02/2010 - 8:35am
Mié, 24/02/2010 - 9:40am
El problema del interés es un problema de doble aspecto, moral y económico, pero que en ambas perspectivas se soluciona de parecida manera. Si yo tengo un capital que presto para la realización de un negocio, tengo derecho a recibir una contraprestación por las ganancias que ese negocio ha recibido; de esto no hay dudas. Desde una perspectiva monetaria, el aumento de "bienes o servicios" que implica el negocio, justifica la moneda en que se aumenta el capital y estabiliza el circulante que sigue representando al mismo valor la cantidad de bienes y servicios que hay en el estado. El problema surge cuando el negocio no da sus frutos y es más, dá pérdida. El cobro del interés en este caso causa la ruina personal del deudor y por otro lado, crea una cantidad de moneda que no tiene respaldo en los bienes y servicios que simboliza, produciendo una depreciación de la moneda. Se torna en un desastre personal y social. En suma, el préstamo de dinero debería, para ser moral y económicamente beneficioso, ser la constitución de una especie de sociedad para las ganacias y las pérdidas y su cuantía debería ser graduada según el tipo de negocios y la rentabilidad posible del mismo. El banquero "apuesta" y corre los riesgos y su rentabildad debe guardar proporción con el tipo de rentabilidad del negocio al que apuesta. El poder financiero se impone en las leyes de un país y se transforma en un negocio que no quiere seguir los avatares de la economía. Pretende ser un negocio que por ley siempre da rentabilidad, sea pato o gallareta, y con esto a veces sirve, pero muchas más veces destruye los patrimonios individuales y produce una creción ficticia de moneda que no sólo no está respaldada por nuevas riquezas, sino que responde a pérdidas; lo que lógicamente implica depreciación de la moneda.
Es cierto que el Banco muchas veces pierde por la imposibilidad de pago del deudor, pero el crédito sigue estando y produciendo sus efectos económicos y contables.
En la realidad y como esta muchas veces se impone, los bancos financiaran a los que saben que van a ganar mucho y rápido (sector especulador) y no dan nada a quienes trabajan duro y lento (sector productivo), o en su caso, le prestan sobre hipotecas y con tasas que saben que no alcanzarán sus negocios (aprovechando la necesidad) y todos sabidos que se producirán los quebrantos patrimoniales y las pérdidas de las propiedades.
En suma, lo malo del sistema financiero, es que por ley y como postulado teórico, el prestamista nunca "debe" perder, lo cual es contrario a la naturaleza de las cosas y aún contrario a la lógica liberal. En correcto liberalismo, quien prestó a un perdedor, debe perder por torpe y no se le debe permitir contabilizar en positivo los intereses y mucho menos . (después sigo)