Este viernes primero de mayo se realizará un acto público en el estadio Luna Park con la participación del Cardenal Primado, Jorge Bergoglio. El mismo estará a cargo de la llamada “Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo” (CRECES). Fue la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) la que difundió, entre otros, la noticia.
En ella se afirma que el grupo CRECES viene “reuniendo a cristianos de distintas denominaciones que comparten una misma experiencia carismática del Bautismo en el Espíritu Santo”. La frase entrecomillada de por sí no es un dechado de claridad, puesto que da por supuesto (cual verdad indiscutible) que aquello que diferenciaría a evangélicos y católicos consiste en una simple denominación, esto es, una cuestión de nombres. Es evidente que se busca sugerir que no hay obstáculos reales y difíciles entre ambas doctrinas, sino por el contrario una pura convención, una arbitrariedad nominal. Respecto de la mentada “experiencia carismática del Bautismo en el Espíritu Santo”, se esperaría una aclaración que precisara la atrevida frase, la cual -de ser formulada- conspiraría contra ese lenguaje elástico y flexible que permite con mayor facilidad ser admitido gustosamente por mayor cantidad de gente.
De este nuevo intento, realizado ya desde hace años en este estadio, de aglomeraciones masivas e indiscriminadas de evangélicos y católicos -unidos en virtud de elásticas consignas y de un lenguaje equívoco y concesivo- se ha seguido para mí un grave escándalo, motivo por el cual escribo estas líneas, aguardando su amable publicación.
Estos encuentros no pueden ser vistos con buenos ojos por ningún católico fiel. El efecto que tiene en los fieles es sencillamente perjudicial: al rezar y al orar juntos con personas que tienen una religión opuesta a la católica, el fiel católico comete primero un absurdo y segundo, una manifiesta injusticia. Un absurdo, porque tanto la recta razón como la fe sostienen la unicidad tanto de la verdad como de la religión verdadera, la cual no puede -por ser tal- admitir en su seno la contradicción ni la “doble verdad” que suponen otras religiones; pero además -y es en el fondo lo más grave- se trata de una gravísima injusticia para la Majestad de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, que en cumplimiento del mandato del Padre ha fundado la Iglesia Católica como “Columna de verdad en medio de los pueblos”, siendo todas las demás “iglesias” una manifestación de lo que las cartas apostólicas denominan genéricamente como frutos de los falsos profetas o anticristos.
Que un católico rece en común con un evangélico supone, en síntesis, que la Revelación, los mandatos de Cristo y todas las diferencias que lo separan, no son lo suficientemente importantes como para impedir esta oración y celebración conjunta. Sin contar -y no es un detalle menor- que esa pretensión de encontrarse con otras religiones en un supuesto terreno común, sin abordar por el momento las cuestiones que separan, no es más que una manifestación del naturalismo religioso, del peligroso indiferentismo y del olvido de la primacía de la Gracia para la salvación.
Orar en común con otras personas implica además el conceder una credibilidad, una autoridad y una procedencia aceptable a religiones que no son la verdadera y que son, por tanto, ajenas a la única y verdadera Iglesia de Cristo. Es una injuria a Dios y a sus legítimos sucesores. San Jerónimo decía muy bien que “No puede tener a Dios por padre quien no tiene a la Iglesia por madre”. Fueron los herejes los que quisieron desvincular a Cristo de su Esposa, alzándose con su ¡Cristo sí, Iglesia no!, negando la clara enseñanza de los Padres de la Iglesia.
Si los católicos, olvidándose de la fidelidad a su Bautismo y a su fe, rinden culto no ya al Dios verdadero sino a la tolerancia interreligiosa, al indiferentismo y al naturalismo, cometen -como hemos dicho- una gravísima injusticia para el Señor Nuestro Dios.
Fue providencial que, entre otros, el mismísimo pontífice Pío XI, el 6 de enero en 1928, diera a conocer esta encíclica tan olvidada: “Mortalium Animos, Acerca de cómo fomentar la verdadera unidad religiosa”. No escapaba al Vicario de Cristo que iban gestándose grupos pseudo religiosos que pretendían la unidad de católicos y no católicos, no por la deseada conversión de quienes están fuera de la Iglesia, sino por la confusión y la mezcla de las doctrinas de unos y de otros.
En ella se afirma que el grupo CRECES viene “reuniendo a cristianos de distintas denominaciones que comparten una misma experiencia carismática del Bautismo en el Espíritu Santo”. La frase entrecomillada de por sí no es un dechado de claridad, puesto que da por supuesto (cual verdad indiscutible) que aquello que diferenciaría a evangélicos y católicos consiste en una simple denominación, esto es, una cuestión de nombres. Es evidente que se busca sugerir que no hay obstáculos reales y difíciles entre ambas doctrinas, sino por el contrario una pura convención, una arbitrariedad nominal. Respecto de la mentada “experiencia carismática del Bautismo en el Espíritu Santo”, se esperaría una aclaración que precisara la atrevida frase, la cual -de ser formulada- conspiraría contra ese lenguaje elástico y flexible que permite con mayor facilidad ser admitido gustosamente por mayor cantidad de gente.
De este nuevo intento, realizado ya desde hace años en este estadio, de aglomeraciones masivas e indiscriminadas de evangélicos y católicos -unidos en virtud de elásticas consignas y de un lenguaje equívoco y concesivo- se ha seguido para mí un grave escándalo, motivo por el cual escribo estas líneas, aguardando su amable publicación.
Estos encuentros no pueden ser vistos con buenos ojos por ningún católico fiel. El efecto que tiene en los fieles es sencillamente perjudicial: al rezar y al orar juntos con personas que tienen una religión opuesta a la católica, el fiel católico comete primero un absurdo y segundo, una manifiesta injusticia. Un absurdo, porque tanto la recta razón como la fe sostienen la unicidad tanto de la verdad como de la religión verdadera, la cual no puede -por ser tal- admitir en su seno la contradicción ni la “doble verdad” que suponen otras religiones; pero además -y es en el fondo lo más grave- se trata de una gravísima injusticia para la Majestad de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, que en cumplimiento del mandato del Padre ha fundado la Iglesia Católica como “Columna de verdad en medio de los pueblos”, siendo todas las demás “iglesias” una manifestación de lo que las cartas apostólicas denominan genéricamente como frutos de los falsos profetas o anticristos.
Que un católico rece en común con un evangélico supone, en síntesis, que la Revelación, los mandatos de Cristo y todas las diferencias que lo separan, no son lo suficientemente importantes como para impedir esta oración y celebración conjunta. Sin contar -y no es un detalle menor- que esa pretensión de encontrarse con otras religiones en un supuesto terreno común, sin abordar por el momento las cuestiones que separan, no es más que una manifestación del naturalismo religioso, del peligroso indiferentismo y del olvido de la primacía de la Gracia para la salvación.
Orar en común con otras personas implica además el conceder una credibilidad, una autoridad y una procedencia aceptable a religiones que no son la verdadera y que son, por tanto, ajenas a la única y verdadera Iglesia de Cristo. Es una injuria a Dios y a sus legítimos sucesores. San Jerónimo decía muy bien que “No puede tener a Dios por padre quien no tiene a la Iglesia por madre”. Fueron los herejes los que quisieron desvincular a Cristo de su Esposa, alzándose con su ¡Cristo sí, Iglesia no!, negando la clara enseñanza de los Padres de la Iglesia.
Si los católicos, olvidándose de la fidelidad a su Bautismo y a su fe, rinden culto no ya al Dios verdadero sino a la tolerancia interreligiosa, al indiferentismo y al naturalismo, cometen -como hemos dicho- una gravísima injusticia para el Señor Nuestro Dios.
Fue providencial que, entre otros, el mismísimo pontífice Pío XI, el 6 de enero en 1928, diera a conocer esta encíclica tan olvidada: “Mortalium Animos, Acerca de cómo fomentar la verdadera unidad religiosa”. No escapaba al Vicario de Cristo que iban gestándose grupos pseudo religiosos que pretendían la unidad de católicos y no católicos, no por la deseada conversión de quienes están fuera de la Iglesia, sino por la confusión y la mezcla de las doctrinas de unos y de otros.
Predicando la fraternidad, buscaban aguar el vino del Evangelio con la sucia agua del mundo.
Alegando tolerancia, desdibujaban el contorno y los límites de las realidades y de las cosas.
Buscando imprudentemente una unidad, en algún terreno, a toda costa, terminaban impidiendo a las inteligencias el ser llevadas, por el poder evocador de las palabras, a las cosas, a la realidad, a la verdad. La palabra es violada por quien, al pronunciarla, ya no lleva a los hombres al conocimiento de su significado original, confundiéndolo en la anarquía de voces y en la orfandad de contenido.
Tal es el efecto producido por estos actos interreligiosos -y no son los únicos-, que en la práctica desemboca en un alejamiento de la verdadera palabra de Nuestro Señor, tan ajenas a la demagogia y al facilismo.
Es por esto, pues, que el Pontífice hablaba de una verdadera unidad religiosa, fundada en la verdad y en su primacía, y de una falsa unidad religiosa, sostenida en palabras halagadoras y demagógicas, más propias de los sofistas que de los sucesores de los apóstoles.
Defender la Revelación católica tal como la Iglesia nos ha enseñado no es, como se dijo en encuentros interreligiosos anteriores, “privatizar el Evangelio” ni “privatizar el nombre de Jesús”. Aquí no se trata de privatizar o socializar -términos demasiado mundanos para referirse a una realidad sacra-, se trata de ser fieles a la verdad y al testimonio respecto de “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida” (1 Jn, 1.1).
Podemos llenarnos la boca de “el nombre de Jesús”, pero todo eso será infructuoso si en la práctica desdibujamos las exigencias y borramos los límites de la verdad, traicionando esa pureza de lenguaje y de pensamiento que nos fue pedida por Nuestro Señor, cuando dijo que “Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea sí, y cuando digan ‘no’, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno”.
Terminemos estas sencillas líneas pidiendo a Dios que nos dé la gracia para ser fieles al Evangelio, dándolo a conocer íntegramente, sin recortarlo ni reescribirlo a gusto del hombre de hoy, sino -por el contrario- buscando elevar a ese hombre, convocándolo por lo más alto, noble y genuino en él, exhortándolo a descubrir la verdad de la Iglesia y de Cristo, encendiéndolo en el amor de la virtud y el heroísmo.
Asimismo, pidiendo por la lisa y llana abolición de estos escandalosos encuentros “interreligiosos”, cuyos únicos efectos son la descristianización de la sociedad, la parálisis del apostolado y la cómoda indiferencia de parte de los católicos para los que no se encuentran incorporados plenamente a la Iglesia.
Que nuestro apostolado no consista en distraer al hombre de hoy con palabras y gestos nuevos -propio del tristemente vigente aún "pernicioso afán de novedades" del que hablara León XIII- sino que consista en enseñarle aquel lenguaje antiguo que el peso del pecado, del tiempo y del entretenimiento disociador han ido sepultando en él; aquél verbo preciso y contundente en el que las palabras significan cosas, manifestándose así la verdad que su corazón anhela, la verdad para la cual su inteligencia está adecuada. Cristo, que es el Verbo Increado y el Verbo Encarnado, sea el garante de esta pureza de palabras y de significados.
Que el hombre de hoy reciba de nosotros, católicos y argentinos, el mensaje de que Cristo es la verdad, el camino y la vida; que sepa entonces que la verdad no puede ser más que una, que no existen simultáneamente muchas formas opuestas de rendir culto y de agradar a Dios.
En el libro del Éxodo, como precepto directo a su pueblo, ha quedado dicho: “yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso”. Si los fieles debemos ser como el Padre, debemos asimismo arder en ese celo por la casa de Dios, celo que lo consume todo. No toleremos el lenguaje ambiguo ni las concesiones propias de la sofística. Hablemos con la claridad y demos testimonio de la Verdad que hemos visto y oído -sin pensar en mezquinos cálculos de probabilidad o interés-, pues el Eclesiástico nos ha exhortado para siempre, diciendo:
Alegando tolerancia, desdibujaban el contorno y los límites de las realidades y de las cosas.
Buscando imprudentemente una unidad, en algún terreno, a toda costa, terminaban impidiendo a las inteligencias el ser llevadas, por el poder evocador de las palabras, a las cosas, a la realidad, a la verdad. La palabra es violada por quien, al pronunciarla, ya no lleva a los hombres al conocimiento de su significado original, confundiéndolo en la anarquía de voces y en la orfandad de contenido.
Tal es el efecto producido por estos actos interreligiosos -y no son los únicos-, que en la práctica desemboca en un alejamiento de la verdadera palabra de Nuestro Señor, tan ajenas a la demagogia y al facilismo.
Es por esto, pues, que el Pontífice hablaba de una verdadera unidad religiosa, fundada en la verdad y en su primacía, y de una falsa unidad religiosa, sostenida en palabras halagadoras y demagógicas, más propias de los sofistas que de los sucesores de los apóstoles.
Defender la Revelación católica tal como la Iglesia nos ha enseñado no es, como se dijo en encuentros interreligiosos anteriores, “privatizar el Evangelio” ni “privatizar el nombre de Jesús”. Aquí no se trata de privatizar o socializar -términos demasiado mundanos para referirse a una realidad sacra-, se trata de ser fieles a la verdad y al testimonio respecto de “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida” (1 Jn, 1.1).
Podemos llenarnos la boca de “el nombre de Jesús”, pero todo eso será infructuoso si en la práctica desdibujamos las exigencias y borramos los límites de la verdad, traicionando esa pureza de lenguaje y de pensamiento que nos fue pedida por Nuestro Señor, cuando dijo que “Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea sí, y cuando digan ‘no’, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno”.
Terminemos estas sencillas líneas pidiendo a Dios que nos dé la gracia para ser fieles al Evangelio, dándolo a conocer íntegramente, sin recortarlo ni reescribirlo a gusto del hombre de hoy, sino -por el contrario- buscando elevar a ese hombre, convocándolo por lo más alto, noble y genuino en él, exhortándolo a descubrir la verdad de la Iglesia y de Cristo, encendiéndolo en el amor de la virtud y el heroísmo.
Asimismo, pidiendo por la lisa y llana abolición de estos escandalosos encuentros “interreligiosos”, cuyos únicos efectos son la descristianización de la sociedad, la parálisis del apostolado y la cómoda indiferencia de parte de los católicos para los que no se encuentran incorporados plenamente a la Iglesia.
Que nuestro apostolado no consista en distraer al hombre de hoy con palabras y gestos nuevos -propio del tristemente vigente aún "pernicioso afán de novedades" del que hablara León XIII- sino que consista en enseñarle aquel lenguaje antiguo que el peso del pecado, del tiempo y del entretenimiento disociador han ido sepultando en él; aquél verbo preciso y contundente en el que las palabras significan cosas, manifestándose así la verdad que su corazón anhela, la verdad para la cual su inteligencia está adecuada. Cristo, que es el Verbo Increado y el Verbo Encarnado, sea el garante de esta pureza de palabras y de significados.
Que el hombre de hoy reciba de nosotros, católicos y argentinos, el mensaje de que Cristo es la verdad, el camino y la vida; que sepa entonces que la verdad no puede ser más que una, que no existen simultáneamente muchas formas opuestas de rendir culto y de agradar a Dios.
En el libro del Éxodo, como precepto directo a su pueblo, ha quedado dicho: “yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso”. Si los fieles debemos ser como el Padre, debemos asimismo arder en ese celo por la casa de Dios, celo que lo consume todo. No toleremos el lenguaje ambiguo ni las concesiones propias de la sofística. Hablemos con la claridad y demos testimonio de la Verdad que hemos visto y oído -sin pensar en mezquinos cálculos de probabilidad o interés-, pues el Eclesiástico nos ha exhortado para siempre, diciendo:
Nota de Argentinidad: La foto que figura arriba fue tomada durante el anterior encuentro entre la mencionada tropilla de siniestros, Bergoglio incluído.

Jue, 30/04/2009 - 1:32pm
Buenos dias!
A la Santa Misa que yo asisto (establecida por San Pio V) los Sacerdotes que la dan en Latin, lengua establecida para no deformar, la dan en voz muy baja, a veces casi inaudible. Al principio, no entendia porque, pense que el Cura tenia sueño, tenia pocas ganas (yo venia de las misas post COncilio Vaticano II) y en realidad supe, que yo en mi gran ignorancia, que asi la daban porque ellos le rezan con mucha piedad y devocion a Dios, Nuestro Señor Jesucristo, la Virgen Maria y todos los Santos...y no necesitan gritarlo, ni ser acompañados por una guitarra, ni necesitan multitudes...con que ellos los escuchen es suficiente
No estaba acostumbrado a estar arrodillado tanto tiempo, al principio me dolian las rodillas, tenia vagancia de levantarme tan temparno un domingo para asistir una hora y pico a Misa, pero cuando esto se me hizo la mejor de las costumbres, me di cuenta que el, Nuestro Señor que todo lo dio para la redencion de las almas, yo no podia hacer menos que asistir al Sacrificio de la Santa Misa
Hoy no pasa Domingo que asista a Misa con inmensa alegria para mi corazon. Pero me pone muy triste que en Nuestra Santa Iglesia haya herejes que insultan la labor y la muerte de miles de Martires y Santos, al hacer ya de la Misa, cualquier cosa, ya se deformo totalmente para ser una "cosa amorfa y sin sentido". Espero que San Miguel Arcangel descienda sobre ellos y les de Santa Justicia
Los invito a revisar un Blog, donde podran encontrar un contacto para asistir a Misa Tradicional, como Dios manda. Se da en la Ciudad de Buenos Aires, todos los domingos por la mañana, pero estos Curas asisten a otros puntos del pais. POnganse en contacto
Un abrazo en Nuestro Señor Jesucristo!
Jue, 30/04/2009 - 2:27pm
Buen día Tomás:
Le agradezco su gentil comentario, y conozco la Misa de San Pio V porque voy a Las Mismas de la FSPX, mayormente a La Reja y Martínez, como cuando viajo, en Mendoza, y obviamente en el exterior.
Un saludos en Xto.
Jue, 30/04/2009 - 4:16pm
Seria tana amable de poner nuestro Blog, en sus Links?
Gracias!
Jue, 30/04/2009 - 5:27pm
Hola Tomás:
Ahora si: El vínculo está agregado y corregido el error. Saludos en Xto.
Jue, 30/04/2009 - 5:33pm
Jue, 30/04/2009 - 5:39pm
Amigo Raibaud:
Ando buscando una foto de Judas Bergoglio en donde pescarlo infraganti, por ejemplo, besando al rabino Bergman; como tanto se dice que se quieren.... Ya tendrá buenas noticias, no falta mucho para pescarlo en algún renuncio jodido. Un saludo en Xto.
Jue, 30/04/2009 - 6:47pm Esteban, no hagas calentar a Stephanus Paulus que con los císmáticos de Cuyo ya tiene bastante y preguntale a Tomás si los de esa web son o no sedevacantistas antes de ponerlos entre tus enlaces. Me han dicho que sí, pero yo no te lo puedo asegurar. Un abrazo.
Jue, 30/04/2009 - 11:57pm
Caro Carlista:
Leí muy a las apuradas el Blog, pero no sabía que son sedevacantistas. Voy a consultarlo al Secretario de Estado de Sthepanus Paulus PP; que tiene su red de servicios Vaticanos, obvio que Católicos Apostólicos, Romanos y Corsos. Un abrazo.
Jue, 30/04/2009 - 7:14pm Excelente el comentario del amigo Tomas. Tiene Ud. mucha razon, nos hemos puestos comodos, muelles, pesados, y cobardes. No podemos soportar estar mucho tiempo de rodillas, como un humilde y pequeñisimo homenaje a Quien todo debemos. Estoy deseando poder concurrir a una misa Tradicional.
Jue, 30/04/2009 - 8:08pm
Y, dentro de poco tiempo, no nos asombremos que parezcan una catedral, un seminario, salones parroquiales...¡¡ Todos consagrados a Judas Iscariote !! (para que quede bien en claro que nosotros hablamos con quien se ponga)
El cartel de la fotografía dice: "Que todos sean uno..." pero quisieron poner: "E Pluribus unum", Por el dolar, digo...
Hace un tiempo, durante la Homilía, un sacerdote expresó lo siguiente: "...Este jueves tuve que ir a la iglesia evangelica de la calle Mariquita Thompson - porque estoy encargado del diálogo interreligioso con las otras iglesias de la zona - y el pastor hizo la reflexión de la lectura... ¡ Vieran ustedes lo bien preparado que está ese muchacho... !. Ustedes tendrían que escucharlo..."
¿Que se le puede pedir al rebaño cuando el pastor está perdido...? Parece que todo se ha "protestantizado". Es más fácil...
Luego cantamos: "todos unidos, formando un sólo pueblo... Iglesia protestante de Dios..." Acompañados con Guitarras y movimientos de caderas y nos fuimos, felices de haber cumplido el precepto. Bien light la cosa ¿No ?
Vie, 01/05/2009 - 7:22am
Anónimo:
Le diría que lo cargue a ese sacerdos en el baúl del auto y le meta un enemaso de aceite de ricino -atado a un poste, no en el baúl por cuestiones de higiene- y lo deje reflexionar ahí un par de días. O se deja de joder con el maldito ecumenismo, o larga la chancleta (ex hábito) o se pone requete bueno y dócil, y vuelve a ser un verdadero Sacerdos. En Xto.
Vie, 01/05/2009 - 4:50pm
Tomás, sería usted tan amable de comentarnos cuál es el permiso pontificio o, en su defecto, episcopal, que tiene la orden de la que habla el blog que cita. Yo no he visto ninguno en dicho blog.
Quedo a la espera de sus urgentes comentarios, en tanto el "cisma" es pecado mortal contra la caridad y los sedevacantistas están en cisma. De donde se desprende que si usted se muere estando en cisma, está frito.
Por ello temo que usted, al no avisar debidamente en su comentario anterior sobre el (posible) sedevacantismo de dicha Orden, esté engañando maliciosamente a la gente que pudiera acercarse hasta allí pretendiendo un bien espiritual que no sería tal.
Cordialmente, El Carlista.
Sáb, 02/05/2009 - 3:05am
Estimado Carlista ¿De qué lado se encuentra? ¿Es decir es católico o progre-modernista? Pocos son los sacerdotes que hoy defienden y dicen la verdadera misa y usted se coloca como cuida inocentes, ¡¡No vayan a quedar engañados los incautos!! Gracias a los sacedotes y congregaciones que no tienen aprobaciones pontificias,evidente que no se las darían, se mantiene la Misa Trdentina y la sana doctrina católica. Si fuera por los anfibios que les viene bien tanto la misa Tridentina como como la "celebración ordinaria" hoy no existiría ni decreto Summorum Pontificum, ni Ecclesia Dei que nació para consolar a la viuda de Gardel, porque añoraba aquellas celebraciones pasadas. Sacerdotes muy dignos como el R.P. Sanchez Abelenda o el R.P. Herve Le Lay no tenían reparos en decir lo que pensaban sobre Paulo VI y nadie dudaba entre los que los conocieron de su catolicidad. La FSSX debe mucho al celo apostólico de estos sacerdotes tanto en Córdoba como en Bs. As.
"Todo lo que atenta contra la Fe es cisma y herejía" dice el ritual romano, ¿No constituye este encuentro un acto contra la Fe? ¿Y la teodanza? ¿Y dar la comunión a los protestantes? ¿Y colocar a Buda en el altar de la iglesia en Asís? Ponga el ojo donde debe o declarese modernista así no falta a la caridad con los que buscan hacer conocer la verdad. Saludos en Cristo Jesús.
Sáb, 02/05/2009 - 8:47am
SPECTATOR.
Primero le contesto: SOY LEFEBVRISTA.
Segundo le aclaro: no es lo mismo una Misa ilícita pero válida, como de hecho son las de la FSSPX (conoce usted el Cód. de Derecho Canónico?) que esta misma Misa pero celebrada por sacerdotes "aveces" válidamente ordenados (muchas veces son ex lefebvristas que se pasaron de rosca, como Morello), pero sedevacantistas.
Ojo con un tema: no es imprescindible una sentencia de "cisma" para ser cismático. De hecho, no todo ruso ortodoxo ha sido declarado cismático, no obstante todos ellos son todos cismáticos. Por ello, existe la posibilidad de cisma "dentro" de la FSSPX si en su fuero íntimo el sacerdote o feligrés no reconoce al Papa como tal, o lo reconoce solo nominalmente, además de, objetivamente, estar alejado de la Iglesia "oficial", pues no sale ni a garrotazos de la FSSPX, por ejemplo, rechazando a otros grupos tradicionalistas, a los dominicos aunque celebren con su rito tradicional, etc. Ejemplo de estos últimos son, de hecho, algunos fieles y otros curas de la FSSPX a los que se les comenzó a ver el culito últimamente pues se enojaron con el Motu Proprio y/o el levantamiento de las excomuniones. No damos nombres por no conocer "el fuero íntimo" de estos señores, pero, por lo que se puede leer, la cosa es bastante evidente. La diferencia no es poca si los comparamos con la mayoría de los miembros de la FSSPX. Yo mismo me emocioné y hasta se me cayó una lágrima cuando en un sermón de Misa de la FSSPX me enteré del Motu Proprio sobre la Misa Tridentina a pesar que yo ya tenía para mí y mi familia dicha Misa. Cómo no alegrarse! En cambio, el cismático, buscó el pelo al huevo con el tema de la denominación de "extra ordinaria", etc. Lo mismo sucedió con el levantamiento de las excomuniones, donde unos de enojaron porque no se declararon nulas (que lo eran), en vez de alegrarse del paso dado y del bien ajeno. Estos estúpidos son los mismo que se tiran contra Fellay porque aceptó discutir con Roma sobre sobre los errores dogmáticos que padece, cuando, lo obvio y necesario, es ayudar, aunque no se logre, a restaurar la doctrina de Roma. De hecho, no tiene derecho la FSSPX a no intentarlo pudiéndolo hacer. En síntesis, a estos señores, también los distinguirá por el celo amargo.
Estos están en cisma, la FSSPX no. Es una cuestión técnica y objetiva. Vea el canon 781.
No puedo aquí profundizar los motivos por los que los sedevacantistas no se consideran en cisma, pues hay tantos sedevacantistas como motivos. El que "parece" más docto es el P. Anthony Cekada. Este ha sido debidamente refutado por un teólogo de la FSSPX, el P. Álvaro Calderón, pero no entremos en esto que es eterno. En la Argentina uno de los motivos más esgrimidos es el del Profesor (que yo mucho admiro) Carlos Disandro. Pero no es más que una incorrecta interpretación de la Bula de Paulo IV, como también ya se ha probado debidamente.
Chau.
Sáb, 02/05/2009 - 9:31am
Hola:
No entiendo bien porqué se están peleando, porque seguro que son, sean uno o el otro, suspendidos por Roma, ni pueden ordenar sacerdotes. Eso creo.
Sáb, 02/05/2009 - 11:01pm
Entonces, ¿para qué el Papa Benedicto XVI decidió retirar el decreto de excomuniones de 1988 y comenzar el diálogo doctrinal? El Papa no hubiera tenido el gesto de "Liberar" la Misa tradiconal, retirar la excomuniones y no se pondría a dialogar para nada...
Las ordenaciones de la Fraternidad S. Pío X son VÁLIDAS.
Javier del Río
Jue, 07/05/2009 - 3:00am
Por otro lado usted en su afán de desacreditar a quienes no estan con su grupo deja de lado el tema principal de la cuestión: La Fe y Dios. El motivo de la noticia que se comenta es resaltar la apostasia del modernista, del ecumenista que no le importa prestar su puesto en la jerarquía o su templo para quedar bien con el mundo. Eso si es cismático y hereje. Y hoy es normal que uno se pregunte hoy quien está sentado allí, pues no se identifica el guía seguro para la salvación, más todavía si se lo ve encender el candelabro de las siete velas o invocando las bendiciones sobre el Patriarca (masón) de Moscú o bien diciendo que no es vana la esperanza de los judios en la venida del mesias. Creo que al menos la posibilidad teológica se debe conceder, si se quiere ser honesto. Dios, Fe y verdad no son solo conceptos son realidades a las que se les debe un lugar, no se los puede obviar para buscar el bien.
A su vez pregunto ¿Qué es pasarse de rosca en el lefebvrismo? ¿Acaso no es lo mismo estar un poco afuera que muy afuera? Una vaca no esta un poco preñada sino que está preñada o no lo está. lo único que saco en límpio es que unos han sido consecuentes, los pasados de rosca, y otros no lo son. Usted mismo no es consecuente, habla de los cismáticos que solo reconocen nominalmente a la autoridad, ¿acaso no es lo que se hace decidiendo que se acepta o no, de la autoridad que se dice reconocer? Acaso tiene el que lo hace mas autoridad que Benedicto XVI? Los teólogos como el P. Miguel Nicolau S.J. dicen que es parte del magisterio extraordinario del Sumo Pontífice la canonización de los santos y la aprobación de congregaciones religiosas porque de ello se sigue que a los fieles católicos se les presenta un modelo de vida a seguir y una forma de vivir que seguramente los lleva al cielo, dentro de esa congregación. ¿Usted venera como santo al fundador del Opus Dei? Hace pocos dias Benedicto XVI aprobó al movimiento Neocatecumenal, ¿Usted enviaría a sus hijos a santificarse en él? ¿Usted comulga enteramente con la doctrina de Benedicto XVI como lo hacía un fiel católico en el tiempo de San Pio X? Recuerde que los culitos que dice aparecen hoy, ya estaban desde los inicios en Econe. El R.P. Barriel por prudencia calló su sedevacantismo y fue una columna en ese seminario. Dígame ¿En qué código de derecho leo el canon que me cita? pues en el que promulgó Benedicto XV habla sobre los sacramentos y el que se usa despues de 1983 Mons. Lefebvre decía que no tenía validez porque buscaba imponer en su legislación los principios de Vat. II. ¿Cual seguimos?
Que tenga entendido hay mas teólogos competentes y doctos que tienen la postura del P. Cekada como Mons. Sanborn, el R.P. Ricossa muy respetado en Europa, y aún el mismo Mons. Morello que fue superior del Seminario de la Reja. Son verdaderos sacerdotes, son verdaderos obispos como los consideraba Mons. de Castro Mayer. A todos muchas veces en lugar de refutarlos solo se los critica o denigra en sus personas. O bien cuando alguien pregunta son mala palabra, "sobre eso no se habla".
Sobre las refutaciones del R.P. Calderón tengo entendido que no han quedado sin refutación a su vez y para colmo de los males este teólogo ha prestado su pluma para justificar la validez de la misa bastarda y ultimamente para hacer más tragaderos con su "Luz sobre el celemín" los últimos arreglos. Como Calderón padre también apaga el espiritu de batalla en sus libros ("no queda sino santificarse ya que el enemigo es tan fuerte..."). Espero que no pretendan también un premio como el honoris causa que recibió uno de sus parientes muy cercano del Tecnion de Israel.
Saludos en Cristo Jesús.
Spectator
Jue, 07/05/2009 - 7:44am
SPECTATOR.
1.- uso el término "lefebvrista" para más claridad, pero coincido con usted en lo de "católico" a secas.
2.- también comparto con usted que la Iglesia en su gran mayoría ha apostatado y hay muchísimo "cisma" y muchísima "herejía" en "perfecta comunión". No obstante ello, "también" hay "cisma" en el sedevacantismo. Una cosa no quita la otra.
3.- No creo en la infalibilidad de las canonizaciones, ni en lo referente a aprobación de congregaciones religiosas actuales, en tanto, siguiendo las normas de interpretación obligatorias que nos llegan del Concilio Vaticano 1º (Concilio dogmático), no pueden considerarse tales. Comparto esto con lo dicho por el P. Calderón en "La lámpara y el calemín" y allí me remito (ya que es largo).
4.- El Código actual, le guste o no a Mons. Lefebvre (a mi no me gusta), es el vigente y el Papa puede modificarlo tantas veces como quiera. Y agrego: con el Código anterior, la posición ante el "cisma" era mil veces más compleja, pero no tiene sentido entrar en esto, pues tal Código, sencillamente, ya no rige.
5.- El P. Cekada volvió a contestarle al P. Calderón en relación a la disputa sobre la validez o no de las ordenaciones episcopales según el rito de Pablo VI, pero eso no quiere decir que lo haya "refutado". Lo encontrará en internet, es pura cháchara. Vea la forma de la ordenación episcopal maronita (que nadie duda de su validez) y la sustancial de la nueva.
6.- Conozco la obra de Calderón padre y de su hijo. No comparto lo que dice pues no veo dónde han claudicado. Si me cita las obras y capítulos puntaules le contesto.
Un cordial saludo en Xto.